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Beneficios de los espárragos trigueros


Aunque típicos de la primavera, los espárragos trigueros son unos vegetales cargados de alto valor nutricional y nos van bien para mejorar nuestro organismo.


PROPIEDADES


Los espárragos son una gran fuente de vitamina B6, calcio, zinc y magnesio. Este vegetal contiene además altos niveles de beta–caroteno, vitamina C, vitamina E, vitamina K, tiamina, riboflavina, rutina, niacina, ácido fólico, hierro, fosforo, cobre, potasio, selenio y manganeso.


!Madre mía, pensaréis! Pues si aún os parece poco, añadid que es muy rico en fibra, llegando a más de 2 gramos por cada 100 gramos de producto.


BENEFICIOS


  • Al ser un vegetal de hoja verde, el espárrago fortalece la memoria por su contenido en ácido fólico y vitamina B12, evitando el deterioro cognitivo cerebral.


  • Contienen el compuesto glutatión, de fuerte poder desintoxicante y exterminador de las células cancerígenas del cuerpo.


  • Facilitan la función del sistema urinario al ser diuréticos naturales. (Muy apropiado para ayudar a eliminar líquidos)


  • Espectacular fuente de nutrientes y vitaminas, también en fibra, por lo que nos dará la sensación de saciedad sin coger un gramo.


  • Sirven para limpiar la sangre por sus potentes nutrientes y minerales y su fácil absorción.


  • Su principal poder de actuación antienvejecimiento se traduce en una piel más limpia, hidratada y jugosa con efectos inmediatos.


  • Además de ser diurético y ayudarnos a bajar peso, con la eliminación de líquidos, también ayuda a perder grasa.


  • Previene la aparición de la calvicie prematura o alopecia severa.


¿Os habéis quedado sorprendidas? Pues es cierto... esos larguiduchos de color verde deberían estar durante todo lo que dure la primavera en nuestras neveras, a punto, para deleitarnos con unos sabroso platos.


Y, por cierto, no os olvidéis de limpiarlos antes de consumirlos: los sumergimos en agua fría o los ponemos en un colador bajo el agua corriente, prestando atención a no dañar las puntas. Luego los colocamos sobre un paño y los secamos. Apoyándolos sobre una tabla de cortar, cortamos la parte final blancuzca, la más dura, de cada tallo. Y ¡a cocinarlos!


Gracias por leerme y ¡sed felices!