• Carmen

HAMBRE EMOCIONAL o “sólo hago que picar”



¿Por qué al sentir ansiedad la calmamos con comida? ¿Cuántas veces hemos oído o hemos dicho.. "no tengo hambre pero me comería un helado"?


Sentir ansiedad es una señal de que llevamos demasiado tiempo sin escuchar las necesidades de nuestro cuerpo-mente. Y el síntoma, entonces, aparece como una llamada de auxilio para que así, podamos devolver la mirada hacia nosotros mismos y cubrir nuestras carencias.

Si no tenemos las herramientas necesarias para gestionar esta emoción, puede desembocar en que estemos constantemente picoteando.

Del sofá a la cocina, de la cocina al sofá, abriendo los armarios para ver qué podemos comer. Un poquito de chocolate, un poquito de pan, un poquito de queso, un poquito de…

Y ese poquito a poco se va convirtiendo en un lastre que pesa y no nos deja avanzar en conseguir aquellos propósitos que queremos alcanzar.

El problema en sí, no son los alimentos que ingerimos, sino que el problema aparece cuando no sabemos escuchar el mensaje que la ansiedad tiene para nosotros, porque lo tapamos con comida.


Es importante que tomemos consciencia de si la ansiedad por comer es algo pasajero, como por ejemplo, momentos de cambio, durante el embarazo y la lactancia, épocas de exámenes, etc. O es algo que lleva conviviendo con nosotros desde hace ya mucho tiempo.


Aunque no nos consideremos comedores compulsivos, porque no nos demos grandes atracones, no debemos darle menos importancia de la que se merece. El hambre emocional es una respuesta a carencias internas, de las cuales debemos responsabilizarnos.


¿Qué hay detrás del hambre emocional?

  • Mala relación con uno mismo

  • Altos niveles de estrés

  • Dificultades en las relaciones interpersonales

  • Insatisfacción con mi vida

Si ponemos en el buscador de Google las palabras "hambre" y "dieta", encontraremos muchas páginas que indican “lucha contra el hambre” “controla tu hambre”. Haciéndonos creer que el control es una buena herramienta para acabar con mi ansiedad.

Y no, no se trata de controlar nuestra hambre, o de luchar en contra de ella. Sino más bien, todo lo contrario. Necesitamos escuchar nuestras señales internas y nutrirlas de otras formas que no sean tan sólo con comida.


Un porcentaje elevado de personas que comen emocionalmente, están cansados de hacer dietas una y otra vez, pensando que no logran alcanzar sus objetivos porque les falta fuerza de voluntad. Incluso muchos profesionales de la salud llegan a pensar que un obeso lo es porque es perezoso y no tiene la suficiente valía como para cambiar sus hábitos.

Y nada más lejos de la realidad, investigaciones rigurosas fallan a la hora de demostrar que la obesidad es consecuencia directa de la pereza o falta de fuerza de voluntad.

Es aquí cuando se nos plantea una cuestión... entonces, ¿la dieta no es la solución?

Podemos decir que la dieta no es lo único que debemos tener en cuenta. Y es más, a veces, me atrevería a decir, que una dieta restrictiva puede resultar ser el problema ya que muchas personas con la esperanza de volver a recuperar el control de sus vidas y su salud física, tengan etapas de restricción lo que les lleva más tarde a entrar en etapas de descontrol que hace que entren en un bucle peligroso en el que la culpa se convierta en la protagonista.


Por lo tanto, toma nota de que las dietas restrictivas aumentan considerablemente las probabilidades de comer de manera emocional.

Es decir, una dieta restrictiva o cualquier otra dieta donde hayan alimentos prohibidos puede desencadenar en:

  • Culpa

  • Frustración

  • Ansiedad por comer

  • Ciclos de restricción-atracón

Es decir,... ¡plantéate cómo, cuándo y porqué comes! ¿Realmente es hambre? Ya sabes que puedes contar conmigo para cualquier consulta...


Chorros de besos



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