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  • Carmen

MAS SABOR y menos sal



Según la OMS, el consumo diario de sal no debería superar los 5 gramos, que viene a ser más o menos una cucharadita de café. Según la AECOSAN, la población española consume de media a diario el doble de esta cantidad.


En un producto envasado, en general consideramos que tiene mucha sal si supera los 1,25 g por cada 100 g, y que tiene poca sal por debajo de los 0,25 g por cada 100 g.


Recurrir a las "alternativas a la sal" es un arma de doble filo porque puedes caer en una falsa sensación de seguridad y terminar consumiendo la misma cantidad de sodio o más. Si bañamos la comida en salsa de soja o sustituimos la sal por gomasio (que suele contener un 50% de sal) o "sal de hierbas", y echamos el doble, no hemos adelantado nada.


Por ello, podemos recurrir, a las plantas aromáticas y a las especias en toda su variedad, a condimentos como el vinagre, el limón o picantes que pueden ser grandes aliados para dar más sabor a nuestros platos.


Condimentos muy sabrosos como un buen curry, el chile o el tabasco, el ajo, el pimentón o una mostaza de calidad, que aunque puede llevar bastante sal se utiliza en cantidades muy pequeñas debido a la potencia de su sabor, pueden ser grandes soluciones.


A las personas muy acostumbradas a la comida salada les parecerá un flaco consuelo cualquier alternativa. Por lo que, para ellas, lo mejor es una deshabituación paulatina.


Eliminar la sal de golpe no suele dar buenos resultados, porque de repente toda la comida parece insípida y es difícil mantener los nuevos hábitos culinarios. Pero hacer el proceso reduciendo un poquito cada semana puede llevarnos, sin darnos cuenta, a no usar casi sal al cabo de un mes y que la comida nos siga pareciendo agradable.


Nuestra mayor ingesta de sodio no viene de la sal del salero que nosotros añadimos conscientemente a la comida, sino de la que se cuela con los productos procesados sin que nos demos cuenta, salvo que decidamos leer muy bien las etiquetas o prescindir de ellos.


Los alimentos en su estado natural, en cambio, contienen muy poco sodio. Se calcula que de nuestra ingesta total de sodio, el 8% procede de los alimentos; el 20%, de la sal que nosotros echamos a la comida y el 72% de la que viene oculta en los productos de alimentación.


El mejor consejo para reducir la ingesta de sal es consumir sobre todo producto fresco no procesado: verduras, hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos crudos o tostados, cereales integrales, etc... ¡Menos supermercado y más mercado!


Al prescindir de productos envasados y muy elaborados por la industria también dejaremos de tomar aditivos y potenciadores del sabor que maleducan a nuestras papilas gustativas.


Los encurtidos y otras conservas, aunque sean artesanales, también aportan sal, así como la mayoría de salsas y quesos (cuanto más curados, en general, más salados).


Desde 2009 la industria de la panadería se ha comprometido a que no haya más de 1,8 g de sodio por cada 100 g de alimento. De todos modos, es mejor elegir el pan sin sal.


A continuación tienes 3 opciones para reducir el consumo de sal sin que tus platos queden sosos. No vas a eliminar el uso de la sal pero sí lo vas a reducir considerablemente.


1. GOMASIO

Prepara tu gomasio usando 1 cucharada de sal marina por cada 20 de sésamo. Preparación: tuesta sal y sésamo por separado y tritúralos en un suribachi (mortero japonés con estrías)


2. SAL DE HIERBAS

Es muy fácil de preparar. Mezcla a tu gusto: estragón, orégano, ajedrea, tomillo, alcaravea, hinojo, cebollino… Después añade 5 g de sal marina por cada 50 g de hierbas secas.


3. LEVADURA DE CERVEZA

El queso contiene sal. Para sustituir el queso parmesano en los platos de pasta, sustituye el parmesano utiliza levadura de cerveza. Te aporta vitaminas B (excepto B12), zinc y hierro.


¿Eres consumidor/a habitual de sal? Pues ya sabes... prueba una de las tres opciones y me cuentas.


Una de las tres opciones... !no las tres a la vez¡



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